En la parranda el timple manda. Así reza un popular adagio que suele entonarse en los
intermedios de las isas canarias y que hace referencia a la importancia de nuestro - sin
duda - más representativo instrumento tradicional presente siempre en el corazón de
los canarios y protagonista en los últimos años de un auge singular con las
incorporaciones de nuevas técnicas y propuestas estéticas al adentrarse en vericuetos
interpretativos tan audaces como el jazz o la música clásica.
Poco se ha escrito sobre los orígenes del timple, que precisa de un estudio serio y
profundo que esclarezca la historia y desarrollo organológico de nuestro más celebrado
instrumento. Sirvan estas páginas como una propuesta para establecer algunas hipótesis
de trabajo que ayuden a futuras investigaciones sobre la historia de nuestro
pequeño-gran instrumento, al tiempo que acerquen al lector claves para la comprensión
y conocimiento de las raíces y parentescos del timple.
La idea de una procedencia aborigen no deja de ser una tentación a la hora de establecer
una genealogía prehispánica a nuestro querido timplillo. Sin embargo, las fuentes
documentales - escasas pero significativas - apuntan a un complejo organológico muy
simple, basado en el batir de palmas, la utilización de gánigos o vasijas de barro
Ilenas de pequeñas piedras y litófonos o piedras percutidas como rudimentarios
utensilios musicales, que conformaron el universo instrumental de los primitivos
habitantes de estas islas. Desde esta concepción de la cultura musical y material de
nuestros antepasados isleños, el timple se nos presenta como un elemento de gran
complejidad, tanto en su construcción como en su ejecución, que nos apunta a una segura
incorporación del mismo en la población canaria después del proceso de conquista y
colonización del Archipiélago.
Aun teniendo en cuenta las citadas premisas, la posibilidad de un origen bereber
- aunque no prehispánico - no es desdeñada por algunos autores. El abultamiento posterior
del timple - lo que le ha hecho que también se le conozca como "camellito" - se observa
en un instrumento citado por Lothar Siemens, que existe desde Mauritania a Guinea, por
la zona atlántica y adentrándonos hacia el interior por las repúblicas de Mali y Níger,
de mango estrecho y con caja de resonancia muy similar a la del timple. Probablemente,
el pequeño instrumento al que hace referencia Siemens sea el Kouco, un cordófono de
cinco cuerdas - como nuestro timple -, dos de las cuales - afinadas a una distancia de
una quinta -, tocan la melodía, mientras las otras tres, afinadas a octavas con respecto
a la primeras cuerdas, sirven de acompañamiento.
Todas las referencias apuntan a que los primeros constructores de timples aparecen en
Lanzarote, - la primera isla en ser conquistada - y más concretamente en la Villa de
Teguise, que Maciot de Bethencourt fundara en la antigua Gran Aldea de Acatife como
primera capital de la antigua Titerroygatra. La cercanía de la misma al continente
africano y la presencia inicial de aborígenes cristianizados que convivieron con
esclavos bereberes cautivados por los normandos para colonizar y trabajar las tierras
son elementos históricos que parecen apoyar esta hipótesis.
El timple y sus parientes
La gran extensión geográfica de instrumentos similares al timple
- tanto en ejecución, afinación, materiales y técnicas de construcción - en diversas
latitudes complejizan y enriquecen el panorama de estudio del timple, abocando su
análisis a la propia esencia de la cultura canaria, rica en mestizajes y en procesos
de transculturación entre los tres continentes que nos rodean y que han moldeado la
personalidad etnohistórica del Archipiélago. El guitarro español de Aragón y Murcia,
el charango de Perú y Bolivia, el cuatro venezolano, el cavaquiño portugués y el tiple
colombiano, mantienen paralelismos estructurales e interpretativos muy similares como
para pasarlos por alto. Es posible que, en virtud del fenómeno histórico de la
emigración, dichos instrumentos hayan sido exportados por los canarios a tierras
americanas, una vez retomado de la cultura bereber. Sin embargo, la amplia difusión de
los mismos no puede ser solamente explicada por este hecho, habida cuenta de la gran
influencia española y portuguesa en toda el área sudamericana. Por otro lado, la
importante presencia canaria en el desarrollo de la economía y la historia cubana nos
invita a cuestionarnos por qué nuestro timple es un absoluto desconocido en la isla
caribeña, donde la fusión de culturas es un hecho tan representativo. Ante este hecho
cabe preguntarnos si el timple es posterior al siglo XIX en Canarias y si sus parientes
iberoamericanos son producto de un asentamiento paralelo al de nuestro Archipiélago,
fruto de la influencia europea.
La propuesta europeísta
Etimológicamente, el apelativo de timple nos ofrece una sencilla explicación que, por
ende, también proporciona claves para la comprensión de sus orígenes. La voz
"tiple" es harto conocida en la terminología musical y organológica.
Covarrubias (1611) dice que proviene de triple "por ser la última de las tres voces".
Aparece documentada en el siglo XV. El marqués de Santillana (1398-1458),
en Triumphete de amor, dice:
incessantes los discordes
de melodiosas aves,
oí sones muy suaves
triples, contras y tenores.
A partir del siglo XVI, por extensión, se Ilamó tiple o
discante, a cualquier instrumento muy agudo, que ocupara la voz de soprano dentro
de su familia instrumental. El Diccionario de Autoridades indica que discante es
una "especie de guitarra pequeña, que comunmente se Ilama tiple"; y añade la
siguiente cita de fray Luis de León (1527-1591): "Tendría v.m. por su cocinero, y
diríale su salario al que no supesse salar una olla y tocasse bien un discante."
(La perfecta casada, I). Pedro de Padilla en el Tesoro de varias poesías (1587) dice:
Gil Gómez discantaba
con unos cascabeles, y el barbero
con un discante viejo que Ilevaba.
Todo lo cual hace pensar en un uso popular en Europa de este pequeño instrumento desde
el siglo XVI. La voz discante no se utiliza en Canarias, pero sí forma parte del
apelativo histórico del cuatro venezolano, para referirse a un instrumento - precursor
del actual utilizado en Venezuela - que constaba de 5 cuerdas, como nuestro timple,
antes de que arraigara la forma de encordar con sólo cuatro órdenes. El uso de
diversos encordados era propio del siglo XVIII, donde la guitarra y la vihuela eran
apelativos referidos a una familia más que a instrumentos en sí mismos. De esta forma,
observamos en los antiguos tratados y obras de autores barrocos numerosas referencias a
dicha pluralidad.
Utilizando hasta seis maderas diferentes en su construcción, así como materiales
diversos para adornos, lijas, grosores, barnizados, pegues, marquetería, cabe destacar
el uso de Palo Santo de Indias o Brasil, Nogal, Ciprés o Moral, madera esta última
muy difícil ya de conseguir y preferida para la caja del timple por muchos intérpretes.
Elemento vivo, la madera requiere de tratamientos y envejecimientos para su secado que
encierran en muchas ocasiones el secreto para un buen sonido. En cuanto a las cuerdas,
tradicionalmente se utilizó nailon de pescar de diferentes tensiones, el cual ha ido
siendo desplazado por encordados de manufactura industrial, con diferentes grosores y
tensiones según el resultado apetecido por cada intérprete. Las clavijas de madera han
ido dando paso a las de pasta y metal engarzadas en el clavijero a través de tuercas,
mucho más seguras a la hora de conservar el afinado del instrumento.
De acompañante a solista
La técnica habitual de ejecución del timple es el rasgueo, encontrando
inicialmente en Lanzarote y Fuerteventura a sus más preclaros cultores, con una profusión actual de
grandes tocadores en el resto de las islas. Tal como reseñábamos al principio, no se
concibe una parranda sin la presencia del repiqueteo alegre y chillón del timple, si
bien en La Gomera y El Hierro es donde menos arraigó su uso, más amantes estos isleños
occidentales de los percutivos y rituales sones de las chácaras y los tambores.
Sin embargo, desde hace algunas décadas, algunos intérpretes quisieron explotar
las posibilidades sonoras del timple como instrumento solista, abriendo un nuevo camino
a la hora de concebir el camellito: Argelio Rojas (Rojitas) y Agrícola Álvarez por
Tenerife; Totoyo Millares por Gran Canaria y Casimiro Camacho por Fuerteventura,
fueron algunos de los primeros en grabar discos en los que - para sorpresa de todos - era
la guitarra la que proporcionaba las funciones de acompañamiento para un instrumento
que empezaba a puntear melodías. Los profesores Francisco Rojas y José M. Aldana, entre
otros, aplicaron las técnicas de la guitarra clásica para dar un impulso técnico más
elaborado a su ejecución.
Pero el timple ha dado un paso de gigante en los últimos años.
Las audaces propuestas del grancanario José Antonio Ramos que acercan el timple al
mundo del jazz, el virtuosismo del tinerfeño Beni Baute o del majorero Domingo Rodríguez,
se combinan con la inclusión en el ámbito sinfónico a través de los conciertos y suites
para Timple y Orquesta escritos por diversos autores como Juan Carlos Martín y las
adaptaciones de diversos conciertos de Vivaldi, grabados por quien suscribe con la
Orquesta Sinfónica de Tenerife. Propuestas diversas y enriquecedoras que -sin duda-
abren nuevas posibilidades estéticas y sonoras para el timple que, sin perder nunca su
carácter popular, deberá ver en un futuro su inclusión en los planes de estudio en los
Conservatorios, como un proceso necesario que asegure la evolución de este instrumento,
del que esperamos nunca deje de ser el máximo exponente de la cultura musical canaria.
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